sábado, 10 de abril de 2010

El orgullo de ser mexicano.



En estas épocas bicentenarias y centenarias (esta última relegada por el Gobierno Federal por razones que explicaré más adelante), es fácil y hasta patriótico sentir orgullo nacional; claro que esto se lo dejo a los ciudadanos que no saben nada de nada y a los políticos (que tampoco saben nada), que les juegan el dedo en la boca, que les venden una independencia inexistente y una revolución fraudulenta.
Me explico.
Muchos crecimos en una sociedad en la que todavía era dado el respeto incondicional a los lábaros patrios y a los héroes nacionales; en mi secundaria un compañero que desafortunadamente para él era un Testigo de Jehová en una escuela “laica” pero católica, claro está, y todos los lunes de honores a la bandera era castigado por anteponer su ideología religiosa al patriotismo. Otra compañera en una ocasión fue castigada por el maestro al comentar (como un simple comentario que uno hace a un compañero de clase) que un vecino suyo que trabajaba como recolector de basura se parecía a Benito Juárez. Y yo, una vez (después más seguido), fui mandado a la dirección a escuchar cómo la directora me daba una cátedra de respeto hacia el Ejecutivo por haberme referido como “pinche pelón” al entonces presidente de México Carlos Salinas de Gortari, que en esos años, antes de 1994, aún era querido y respetado por muchos simplemente porque dijo en el tono burlón y picarón que caracteriza a los políticos demagogos (es decir, a todos) en televisión a nivel nacional y en compañía de Jorge Campos y otros seleccionados nacionales cuando ganaron (sí, antes ganaban) la Copa Oro, que sería bueno llenarla de tequilita. Yo fui suspendido tres días de la escuela por insultar al presidente y él, el presidente, fue premiado con la exoneración de sus pecados; mató, humilló, reprimió y robó (vaya que robó), y dejó al país más hundido de lo que estaba.
¿Por qué digo esto? Simplemente porque en estos tiempos de orgullo nacional rebosante en los discursos de todos los políticos, en que todos y cada uno de ellos andan tomándose la foto sonrientes (¿nunca se han preguntado por qué los políticos siempre andan sonrientes?; es la sonrisa del que roba y engaña con Inmunidad Constitucional), tiempos en que los mexicanos seguimos muriéndonos de hambre, de balazos del narco y federales (en Tamaulipas, hace unos días, unos militares en un retén abrieron fuego en contra de una peligrosísima familia que contaba entre sus filas a un hombre que intentaba proteger a los suyos, a una mujer que pedía paz y auxilio desesperadamente ondeando una toalla blanca y, quizás, la peor amenaza que vieron los militares, un niño de cinco años y otro de nueve, el primero armado con una paleta payaso y el segundo le sacó la lengua al comandante… sólo estos dos niños murieron acribillados cual capos de la mafia… ¡pinches puercos! Con perdón de los porcinos, esas nobles criaturas que tan delicioso saben). Repito, en estos días en que la situación del país está peor que nunca, los políticos se levantan el cuello y dan su apoyo moral a las familias de sus víctimas (Calderón lo hizo, dio todo su apoyo moral a la familia de estos dos niños… señores gobernantes, no queremos apoyo moral de ustedes, para eso están nuestras familias, nuestros amigos y el resto de la mellada sociedad mexicana, queremos soluciones, queremos que se pongan a trabajar y no sólo se dediquen a salir bonitos en la tele diciendo mentiras; queremos que dejen de hacerse pendejos o que renuncien y den el poder al pueblo, todos, todos renuncien y den el poder al pueblo… yo no se ustedes, pero al menos yo ya estoy harto de mantener a esa bola de parásitos que llamamos políticos).
A lo que iba. En México se nos ha vendido la historia nacional como una epopeya apoteósica, llena de Grandes Hombres, de héroes nacionales dispuestos a dar la vida por la patria y muchas más mentiras… viles mentiras. Si uno revisa las fuentes de aquellos años y sobre aquellos años (periódicos, revistas, libros, etc), no se sorprenderá en encontrar los mismos apellidos que hoy están en el poder; Creel, Sahagún, Calderón, Mont, Figueroa y un largo, largísimo etcétera (la oligarquía nacional, también conocida como los poderosos, los parásitos del pueblo… los hijos de la chingada que nos tienen como estamos). Entonces uno se preguntará… ¿de verdad tuvimos Independencia? ¿de verdad tuvimos revolución? De alguna forma las tuvimos; nuestra independencia consistió en quitar el prefijo in de la palabra y cambiar al destinatario de la riqueza y soberanía nacional (se tradujo del español al inglés), y nuestra revolución consistió en reformar la opresión, en reformar la injusticia y la desigualdad, en reformar la dictadura y los latifundios.
Los héroes revolucionarios (héroes que luchaban por una mayor y mejor represión y vampirismo económico, como los cataloga Eduardo Galeano) buscaban su pedacito del poder. Madero era un burgués, un rico de pomposos modales y gustos refinados, terrateniente incompatible con la pobreza del pueblo; en pocas palabras era uno de esos ricos que ven en los pobres que generan su riqueza a flojos, viciosos y mentirosos (miren quiénes hablan de mentiras, vicios y flojera, los que en su vida han sabido lo que es el trabajo duro). Pues sí, este aristócrata se alzó en armas bajo el grito de no reelección de Díaz ni ningún otro presidente, se apoyó en el pueblo, es decir en los jodidos que él y otros muchos como él jodían y mantenían jodidos, para lograr su cometido y, una vez en la Grande (la tan preciada silla presidencial – Villa no fue el primer bandolero y asesino que se sentó en la Grande -, por cierto, Madero tampoco, antes hubo muchos otros y después ni se diga, basta mencionar inmediatamente a Huerta, Carranza, Calles, Díaz Ordáz, Salinas, etc, etc, etc). Como decía, una vez presidente, a Madero se le olvidó la cuestión agraria que los zapatistas y villistas exigían y tan sólo, como buen político, se cruzó de brazos y se hizo wey. Luego llegó el flamante restaurador en la opresora figura del barbón Carranza y sucedió lo mismo, traicionó a zapatistas y villistas que le habían prestado apoyo a cambio del reparto de tierras que Madero prometió; Carranza tampoco cumplió. Para no hacerlo tan largo haré un resumen un tanto simplista (en palabras, pues en conceptos no lo es tanto) de lo que siguió; la injusticia siguió, la desigualdad se institucionalizó al igual que el hambre en el campo, los políticus parásitus (conocida especie de Seres Humanos – de los peores que ha visto la vida - que se alimentan de la vida de otros Seres Humanos, sólo que estos pobres y los otros ricos) siguen robando a sus anchas, oprimiendo al pueblo, hipotecando la soberanía nacional al mejor postor, sonriendo en cumbres internacionales donde los ricos del mundo se juntan a estrechar manos, a tomarse fotos todos juntitos como buenos compinches, a contarse chascarrillos mañaneros y, si les queda tiempo, a solucionar el problema de la pobreza y el hambre en el mundo (pobreza y hambre que ellos mismos generan y sostienen… si no, no serían ricos, carajo). Pero casualmente nunca les da tiempo de solucionar estos problemillas; pero hay que comprenderlos, el trabajo de un político debe ser agotador, no es fácil tomarse tantas fotos al día ni saludar a tantas personas que ni siquiera les agradan, y ni hablar de sonreír todo el tiempo, luego de un rato las mejillas duelen.
Así es, en estas épocas de bicentenarios y centenarios, los políticos nacionales muestran interés en que la ciudadanía siga mal informada y creyéndose todo lo que les contaron; que si Hidalgo era un santo patrono de los indios, que si Juárez, aunque duró más de veinte años en el poder, no fue un dictador sino uno de los más grandes presidentes que ha tenido México (claro, hizo cosas importantes), que si Santa Anna, el traidor a la patria (cómo les gusta esta palabra a los políticos), que si Madero el precursor de la Revolución Mexicana, que si la de 1917 la primera constitución social del mundo y bla, bla, bla. Puras mentiras, omisiones, tergiversaciones, invenciones… es decir, nomenclatura política.
Para darse una idea de lo que hablo y de cómo fueron aquellos políticos de inicios del siglo XIX e inicios del siglo XX, simplemente háganse la siguiente pregunta ; si las cosas siguen igual en México otros cien años (de corazón espero que no; ya llevamos mucho tiempo dormidos, se nos ha hecho ya muy tarde), ¿quiénes serán los nuevos héroes nacionales? Calderón pasará a la historia como el justiciero del Crimen Organizado; Fernando Gómez Mont será su fiel patiño (Muriño un mártir político – cierto, su muerte fue trágica, pero con él iban otras personas; la tripulación, que no pasarán a la historia), Raúl Padilla ya compró su historia como promotor de la cultura en Jalisco (qué mejor promotor que un vil empresario que gusta de quitarse del camino a quien le estorba pero no gusta de mancharse las manos de rojo… cuando se tiene dinero los asesinatos se ordenan, no se cometen), Vicente Fox será el Presidente del Cambio (y no el presidente más idiota que ha visto México – por cierto, en las mismas fechas gobernó Bush en EUA (otro PENDEJO) – no se debe ser un genio para saber que en un futuro la sociedad se reirá de este periodo; un consejo a los historiadores que gustan de darles nombres específicos a todos los periodos de la historia (no lo critico), podrían llamarle a este periodo la Era del Gobierno Subnormal en América del norte), y aquí, en estas flamantes tierras mochas y santurronas de Jalisco, el absolutista y bien ponderado, católico, apostólico, románico y etílico Gobernador Emilio Gonzáles Márquez, pasará a ser benefactor social gracias a las limosnotas que gusta de dar a su compadre el santísimo, católico, apostólico, románico y terrorífico señor cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez. Así funciona el país (realmente todos, pero aquí nos compete el nuestro por el momento), ellos son los que deciden quién se convertirá en héroe, quién en traidor, quién en bandido y quien en terrorista (tan de boga hoy, moda yanqui que en México, su presidente Calderón, aquél de las manos limpias, se ha encargado de decir a los cuatro vientos). Resulta que ellos, los políticos, los que roban al pueblo, los que nos oprimen, los que nos matan, los que dan prioridad a los intereses extranjeros por encima de los nacionales, los que empeñaron la soberanía nacional, son los patriotas, los buenos mexicanos, y nosotros, el pueblo, los que osamos exigir igualdad de derechos, de oportunidades y repartición equitativa de la riqueza, los que queremos y creemos en la libertad como única forma de gobierno plausible somos los traidores a la patria, somos los anti-México, somos anarquistas, revoltosos y mentirosos… ¡qué bonito país, chingado! El que roba es héroe y el robado es paria.


Por último quiero hacer mención de un caso particular. Un grupo de compañeros de carrera (todos estudiantes de historia), tienen un programa de radio por internet (evito decir sus nombres ya que no son míos y no me siento con la libertad de hacerlo), por medio del cual no hacen sino dar su humilde opinión y nada más. El problema es que sus opiniones no comulgan con las opiniones de los gobernantes del país y, en nombre de la libertad de expresión, han recibido dos advertencias de parte de nada más y nada menos que el Gobierno Federal; primero recibieron una carta del Secretario de Gobernación, el mismísimo Fernando Gómez Mont, haciéndoles saber que debían poner fin a sus mentiras e injurias. Después, al no hacer caso (en clara actitud rebelde y provocadora, pues ¿quién es más rebelde que aquél que dice lo que piensa a pesar de las amenazas? Todo es cuestión de principios, principios y autorespeto), y luego de un programa en el cual hablaron del por qué el Gobierno Federal da más importancia a la independencia que a la revolución, recibieron una llamada de parte del mismo gobierno con las mismas amenazas… sinceramente les deseo lo mejor y espero que el asunto no pase a mayores, no me gustaría después enterarme que alguno de ellos (o todos) desparecieron misteriosamente, evaporados a la más pura tradición orwelliana.
Trataré de conseguir una copia de la carta de Gómez Mont a mis compañeros para exponerla aquí textualmente y ustedes puedan constatar cómo el señor Secretario de Seguridad hace su lucha contra el crimen amedrentando a jóvenes conscientes de su realidad, jóvenes valiosos que dicen lo que piensan (y piensan con honestidad), acusando de mentirosos a los que no opinan como la versión oficial… después de todo quizás nosotros somos los que confundimos los términos y las definiciones; para el gobierno Libertad de expresión y pensamiento es la libertad que tenemos todos de pensar y decir lo que queramos… siempre y cuando concordemos con la versión oficial.
Así que si me preguntan si me siento orgulloso de ser mexicano, no me resta más que decir que no. Orgullo es una palabra muy grande y que debe ganarse, no usarse a la ligera; quiero a mi país, me gustan sus tradiciones, su gente, su cultura… al que no quiero es al país de ellos, de los políticos, el México corrupto y violento, donde la impunidad de los ricos está institucionalizada y ser pobre es delito.

Les paso el link del programa antes mencionado. si les interesa dense una vuelta, es los sábados a las 7:00 de la noche.

http://eldescafeinado.com/category/programas/guerrilla-programas/

Liberen su cerebro... liberen el espíritu.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Un futuro desalentador... La Gran Guadalajara


¿Cuántos de ustedes recuerdan una película setentera, mexicana, llamada "México 2000", en la cual nos muestran un México completamente distinto al que conocemos de siempre; sin corrupción, sin crimen, sin prejuicios sociales y gente desconcertantemente amable, es decir, todo lo contrario a lo que todos sabemos es nuestro país. La película pretendía retratar un México primermundista, pero más mostraba a un México falso en cualquiera de sus aspectos.


Ahora bien, ¿han escuchado el nuevo slogan del Gobierno de Jalisco? ese de "Todo será distinto en la Gran Guadalajara". Es un proyecto a largo plazo, que pretende estar completo en 2030. Pero, ¿han pensado a fondo el asunto, pero realmente a fondo?



No soy una persona paranoica (o al menos no tanto), pero la verdad es que, en éste país, ya no se sabe. Las cosas más extrañas, surrealistas y absurdas suceden aquí, si no sólo lean un día el periódico, y se encontrarán con al menos un par de noticias que pensaran que se trata de una broma, y es que, repitiendo el anterior aforismo, “ya no se sabe”.
Lo siguiente es porque hace unos días leí en el periódico que se había presentado una nueva maqueta del proyecto de la Villa Panamericana; mientras leía pensé en por qué el gobierno había tomado la decisión de construir el complejo en una de las zonas más complicadas de la zona metropolitana. ¿Qué sucedería cuando los atletas internacionales y nacionales y turistas de igual índole comenzaran a ser asediados por asaltantes, proxenetas, policías y simples oportunistas? Eso no sería una buena publicidad para una ciudad como Guadalajara que pretende dar una imagen que no tiene al mundo (promovida, claro está, por su excelentísimo señor gobernador del estado). Entre risas continuaba bromeando con el asunto cuando, de pronto, una idea un tanto más macabra se insertó en mi cabeza.
Déjenme comenzar por el principio:
Desde que tengo uso de razón, siempre me fue señalada la zona de la ciudad que comprende de la Calzada Independencia hacia el rumbo de Belisario Domínguez, como “la zona de mayor cuidado de Guadalajara”. Todos los adultos de mi niñez se empeñaban en dejarlo en claro, y hasta cierto punto de mi vida yo les creí, hasta que me di cuenta que, si queremos encontrar corrupción, inseguridad y violencia no debemos enfocarnos a un solo cuadro de la ciudad. Lo que sí es cierto es que (y no queramos negarlo), de ese lado de la ciudad se encuentran las colonias más populares (por no decir pobres recurro a éste lamentable eufemismo), de la ciudad y municipios aledaños.
Aceptamos que la ciudad está dividida en tres grandes partes. La primera es la zona centro, que es donde he vivido la mayor parte de mi vida, la segunda es la zona antes mencionada, la que es conocida como la “zona de tolerancia”, y la tercera, relativamente nueva, no tiene un punto único de proliferación, ya que en todas partes comienzan a haber éste tipo de colonias, pero históricamente la zona que comprende de la avenida Chapultepec hacia Américas, siempre ha sido vista como “la zona rica” de la ciudad. La ciudad está organizada de cierta manera extraña que podemos encontrar de todo en todos lados; en otras ciudades del país y el mundo, por lo regular, las zonas pobres están muy delimitadas y alejadas de las zonas ricas y turísticas, si no lo habían notado tan sólo dense una vuelta por Pachuca o Puerto Vallarta, o los más pudientes viajen a Rio de Janeiro. En Guadalajara la cosa es distinta, pues hay colonias pobres y ricas tan mezcladas y cercanas que en ocasiones sólo son separadas por una calle; y no me malentiendan, no digo esto con ánimo de ofender o de decir que no deberían estar tan unidas unas de las otras, sino por el simple hecho de hacer notar las diferencias sociales y económicas; por un lado el “proletariado” y por el otro la “aristocracia”, tan juntos luego de años de evitarse mutuamente. No es sino capitalismo.
Ahora bien, otra de las cosas que más recuerdo de mi niñez, en éste aspecto, es el del comercio. Me explico:
Cuando tenía entre 8 y 15 años de edad, las tiendas OXXO eran sinónimo de alcurnia para muchas personas, (y los que sean mayores de 24 años no me dejarán mentir). En esos años, hablo de finales de los 80`s y principios de los 90`s, si uno contaba con la suerte de tener un OXXO en su colonia, era porque su vecindario era “de ricos”, y todo porque los OXXO antes no respetaban los precios comunes de cualquier tienda de abarrotes (siguen sin hacerlo, pero ahora está un poco más controlado el asunto), por lo que algo que en la tienda de la esquina te costaba 70 centavos, en un OXXO podías encontrarlo hasta en 2000 pesos (recuerden que estoy hablando de antes de la devaluación del 94). Por tal razón, debo decir que me sorprendí mucho la primera vez que vi un OXXO sobre la Calzada Independencia (olvidé cuál fue exactamente), pero de eso ya pasaron muchos años. Lo del OXXO es sólo un ejemplo; el lugar de éstos fue tomado después por los 7eleven y otras tiendas del estilo gabacho, y los OXXO se mexicanizaron al fin y ahora los encontramos en todas partes.
Pero entonces comencé a notar más cosas; al paso de los años, y muy lentamente, hemos visto cómo aquella zona de la Calzada ha sido volteada a ver por el dinero y la moda; verdaderamente cuando me enteré que habían puesto un Cinépolis en la Calzada me reí, porque me pareció algo de lo más extraño, y no porque no sea viable o justo, sino porque (hasta en los cines se nota la diferenciación), los Cinépolis, desde que llegaron a esta “perla tapatía”, fueron los cines de la gente rica, y los Multicinemas, los cines de una sola sala y los llamados Cinemark, o algo así, fueron los cines de la gente pobre (y si no me creen tan sólo chequen los precios). Pues bien, traten de recordar cuántos negocios de éste tipo han visto en ésta zona de la ciudad en los últimos años; recuerdo que antes ni imaginar ver un 7eleven sobre la Calzada, o un Burguer King o Subway, pues todos estos negocios son vistos por muchas personas como símbolos del “progreso” tapatío y por tal razón deben estar en zonas “desarrolladas” de la ciudad, y no en los suburbios.
Entonces, mientras leía la noticia de la villa panamericana me vino a la mente una idea bastante perversa; parece que, de alguna forma (y repito que no suelo ser paranoico, pero la verdad, como ya lo dije, en este país todo puede suceder), el gobierno, los grandes empresarios, los intereses monetarios y todos los que siempre nos han jugado chueco y nos tienen sumidos en la miseria, la inseguridad y la opresión, pretenden ampliar la “zona rica y moralmente respetable” de la ciudad hacia esos puntos antes infranqueables. De pronto me vino a la mente la obra del Metrobús y el paso a desnivel de Periférico. Bien, estas obras tal vez den a la ciudad la imagen vanguardista que torpemente intentó darse con los arcos del milenio (más parecidos a un monumento a McCdonalds), pero seamos honestos, ¿no son más necesarias otro tipo de obras, como la infinidad de obras públicas y de protección civil que necesitan infinidad de colonias que, valga la ironía, se encuentran en la zona más pobre y paradójicamente más identificada en la actualidad con el progreso y el desarrollo turístico y social? Por eso no me sorprendería que, con la villa panamericana, el metrobús, y el nodo vial del Periférico, se pretenda comenzar una ampliación de la “zona pomposa” de la ciudad y mandar a todos los pobres que poco a poco van a ir siendo desalojados con la más discreta elegancia, a las nuevas orillas de la ciudad, a formar nuevas colonias populares y a vivir en la más completa clandestinidad social hasta que el “progreso” de nuevo necesite de más espacio para seguir progresando y tengan que ser removidos nuevamente. Entonces sí, los empresarios y la alta sociedad tapatía podrán salir a la calle gustosos de poder caminar por calles bellas, llenas de edificios suntuosos, hermosas tiendas departamentales, hoteles, complejos habitacionales hechos en serie para familias hechas en serie, spas, gimnasios, restaurantes, antros, plazas comerciales, concesionarias de autos, y todas esas cosas que hacen tan felices a muchos y son su razón de vivir, sin que ningún pobre se cruce en su camino y “afee” el lugar.
No me opongo al progreso (no tendría por qué), pero éste debe venir de la conciencia social e intelectual del hombre, de su evolución como especie pensante, no de su capacidad de hacer ricos y pobres en masa.
Quizás me estoy yendo demasiado lejos con mis especulaciones, pero en un país donde las cosas más extrañas suceden y son posibles, no me extrañaría que para el 2011 Guadalajara dé al mundo una imagen completamente nueva, una ciudad de primer mundo, neófita y virtual, pero de primer mundo, pero a expensas del sofocamiento (como siempre) de los más jodidos.
Espero estar exagerando.
Hasta pronto.

miércoles, 15 de octubre de 2008

el gigante verde o la caída del Imperio "Americano"


Hace unos días compraba un cigarro en un puesto de periódicos cuando vi, en la primera página del Público, una fotografía que nunca creí ver (al menos en vida); un empresario estadunidense preocupado y abatido por la incertidumbre y el desconcierto.
Todo en este mundo tiene un inicio, un desarrollo, una fase de apogeo, un declive y un fin; las personas lo tenemos, y también lo tienen los grandes imperios de la humanidad; todos pasaron por estas etapas en su existencia; el imperio de Alejandro de Macedonia, el Imperio Persa, el Imperio Mongol, Mexica, Inca, Turco, Romano, napoleónico, etc, etc, y como todos estos, el Imperio Estadunidense, aunque distinto en algunos aspectos, igual en caracteres sociales y políticos y en consecuencias, vive, en estos momentos de su historia, la penúltima fase de ese periodo.
Desde mi más “tierna” infancia los gabachos han regido al mundo, y así ha sido desde muchos años antes de mi nacimiento y del de muchos de nosotros. Una de las principales características de todo imperio que se respete es el poder económico y bélico, y los Estados Unidos, por mucho tiempo, no fue la excepción. Todo lo que nos rodea tiene que ver con los Estados Unidos de alguna forma, la conquista cultural a la que nos han sometido es tan vasta y rígida, que muchas de las costumbres cotidianas del mundo se han “agringado”; la televisión que se consume, la tecnología, la cultura, el comercio, todo, en mayor o menor medida, están presentes en nuestras vidas gracias al vecino país del norte. Las guerras, para ellos, han sido parte importante en el desarrollo económico de EUA, desde que participaron en la 2da guerra mundial, los gabachos parecen haber encontrado en la guerra el arma moralista perfecta e ideológicamente conveniente para ellos.
Con el tiempo nos habíamos ya acostumbrado al régimen de estos norteamericanos, y veíamos lejos la posibilidad de que una nueva potencia mundial surgiera. Pero si los romanos, luego de estar en la cima del mundo occidental por muchos años, fueron derrotados por los ostrogodos aprovechando su declive, ¿qué nos hace pensar que no está por suceder lo mismo con los Estados Unidos, y que algún país está esperando el momento oportuno para derrocar al gigante?
Estados Unidos, al paso de los años, ha ido perdiendo fuerza en el mundo, en algunas cosas; de pronto han sido superados por los asiáticos y la Unión Europea, y una gran cantidad de errores, guerras, arbitrariedades, invasiones, intromisiones, y un largo etcétera, se han encargado de mellar cada vez más la fortaleza del imperio. Ahora están muriendo, y me atrevo a decir que ya no hay nada que los salve de la caída. Están sosteniéndose, ahora sí con la uñas, de lo que pueden, y si no fuera por la gravedad de la crisis mundial que se presenta actualmente y que aún no se muestra en sus totales consecuencias, la situación sería para morirse de la risa.
Y es que la historia está llena de ironías y paradojas en las que alguien o muchos salen perjudicados por sí mismos, y comienzan su propia ruina; Luis XVI de Francia fue decapitado por un pueblo harto y hambriento cuando lo que pretendía era seguir abusando de ellos engañándolos; Napoleón Bonaparte fue derrotado por sus enemigos europeos y su propio país mientras intentaba aumentar su imperio; y una de las principales causas en la caída del Imperio Romano de Occidente fue el envenenamiento por plomo, ya que éstos lo usaban para sus tuberías de agua. Es por eso que el hecho de que los Estados Unidos, el país más odiado del mundo, halla propiciado su propia caída económica, es tan risible como preocupante a la vez; risible porque, seamos honestos, todos (o al menos yo), deseábamos ver la caída del imperio, pero ni en nuestros mejores sueños nos hubiéramos imaginado que todo comenzaría internamente y en uno de sus (aparentemente) puntos más fuertes; la economía. Y preocupante porque… ¿de verdad es necesario que lo explique?
Hasta antes del euro el dólar era la unidad monetaria más confiable del mundo, y ahora ya no es más confiable que el peso mexicano, pues es tan inestable que poco falta para que los grandes inversionistas, las grandes potencias mundiales y las bolsas de valores más poderosas del mundo comiencen a mirar al dólar con un completo desdén que, por incertidumbre aún, quizás, siguen considerando, aunque ya con cierta desconfianza y temor.
Si a esto añadimos los problemas políticos y sociales que enfrentan, creo que no es arriesgado asegurar que, para dentro de tres o cuatro años, minutos más minutos menos, los Estados Unidos no serán ni la sombra de lo que fueron.
El tío Sam nunca había estado en tanto peligro de muerte, ni durante la gran depresión, pues ahí el país aún no era la potencia que sería hasta después de la caída del nazismo. Ahora el Imperio Estadunidense vive su declive, y el fin está tan cerca que ya casi podemos verlo; cualquier error, a partir de ahora, será determinante en el futuro de la otrora potencia mundial (aún se mantiene, de cierta forma, pero la caída es inminente); amenazados por Corea del Norte, Venezuela, Rusia, Cuba, y una larga lista de países que gustosos esperan una oportunidad para vengarse del país que tanto daño ha causado (y que quede claro que no pretendo culparlos de todos los problemas del mundo, sería tan injusto como decir que el sida es culpa de los homosexuales), pero siendo “objetivos”, sabemos que de los males del mundo, los más, fueron y son provocados por los gabachos.
Ahora no nos queda mas que esperar el curso natural de las cosas; Bush saldrá de la Casa Blanca por la puerta trasera, con más pena que gloria, y el nuevo Presidente tendrá una tarea tan complicada que, más que el triunfo debería añorar la derrota, pues el país le quedará en una situación tal que, sólo tendrá de dos sopas; mantener a flote el barco por algunos años y hacer la caída más decorosa y menos evidente (o al menos no tan tajante), o cometer un error tan garrafal (entiéndase cualquier nuevo conflicto bélico en el que quieran inmiscuirse o renovar votos con alguno ya olvidado por un tiempo para intentar, inútilmente, resurgir como el fénix de sus propias cenizas) que termine por precipitar el derrumbe, y cambiar el famoso American way of life por una desolación tan devastadora, que el país de las barras y las estrellas pasará del primer mundo al tercero tan pronto que ni Hollywood con su patriotismo insano, MTV con su enajenación mental, Coca Cola con su adictiva fórmula y el Parlamento Ingles con su incondicional apoyo, podrán evitarlo.

jueves, 23 de noviembre de 2006

Sacando la basura

"Este espacio es para publicar mis opiniones acerca de todo aquello que me disguste en cuanto a la sociedad y política. Todo lo aquí publicado es estrictamente personal. No pertenezco a ningún grupo o institución que me diga qué hacer, y espero que si ustedes comparten mis puntos de vista, o no, me manden sus opiniones.